Blog de Neikom sobre control horario, presencia, accesos y produccion

Trazabilidad alimentaria: cómo organizarla en planta

La trazabilidad alimentaria se explica siempre con el mismo ejemplo, y es un buen ejemplo: si mañana aparece un problema en un lote que salió hace tres semanas, ¿cuánto tarda usted en saber qué materias primas llevaba, qué máquina lo procesó, quién lo manipuló y a qué clientes se envió?

Si la respuesta se mide en horas, tiene un sistema. Si se mide en días y consiste en revisar carpetas, tiene un problema que todavía no ha estallado.

Qué obliga exactamente la norma

La referencia es el artículo 18 del Reglamento (CE) 178/2002, que obliga a garantizar la trazabilidad en todas las etapas de producción, transformación y distribución de alimentos, piensos y de cualquier sustancia destinada a incorporarse a ellos.

El enfoque legal se resume en el principio de "un paso atrás y un paso adelante". Cada operador debe poder identificar:

  • Un paso atrás: quién le ha suministrado cada alimento, pienso o ingrediente.
  • Un paso adelante: a quién ha entregado el producto una vez elaborado o comercializado.

Es importante entender el alcance real, porque genera muchas dudas: usted no tiene que supervisar toda la cadena, desde el campo hasta el consumidor final. Tiene que poder identificar el eslabón inmediatamente anterior y el inmediatamente posterior al suyo. Nada más, y nada menos.

El "paso adelante" tiene además un matiz práctico: normalmente no alcanza al consumidor final, sino al cliente profesional al que usted vendió.

Los dos sentidos, y cuál importa más

Conviene separarlos porque se resuelven con datos distintos y sirven para cosas distintas:

Trazabilidad hacia atrás. Partiendo de un producto acabado, reconstruir de dónde vino todo: proveedores, lotes de entrada, fechas de recepción. Sirve para explicar qué ha pasado y para determinar responsabilidades.

Trazabilidad hacia delante. Partiendo de un lote de materia prima, saber en qué productos acabó y a qué clientes se enviaron. Es la que de verdad cuenta el día de una retirada, porque determina cuánto producto hay que inmovilizar.

Y ahí está el dinero. Con una trazabilidad gruesa, ante la duda se retira todo. Con una trazabilidad fina, se retira lo justo. La diferencia entre inmovilizar una jornada completa de producción o dos palés puede ser de varios órdenes de magnitud.

El lote: la decisión que lo condiciona todo

Antes de comprar ningún sistema hay que decidir qué es un lote en su planta. Es la decisión más importante del proyecto y la que más se toma a la ligera.

La norma no impone un tamaño: corresponde al propio operador decidir el grado de precisión con que configura sus agrupaciones y su sistema de identificación. Pero el criterio para decidirlo sí está claro: cuanto más acotada esté la agrupación, menor es la cantidad de producto que hay que inmovilizar o retirar si aparece un problema.

Los dos extremos son malos:

  • Lote demasiado grande —"todo lo producido en un día"— hace la gestión barata y la incidencia carísima.
  • Lote demasiado pequeño da precisión máxima y una carga de registro que la planta acaba saltándose, con lo que al final no tiene ni lo uno ni lo otro.

El equilibrio razonable suele estar en agrupar por cambio de materia prima, cambio de turno o cambio de formato, que son los momentos en los que algo puede cambiar de verdad. Y conviene calcular antes, con números, cuánto producto representa cada opción: es un cálculo de media hora que orienta toda la inversión.

Qué hay que registrar en cada punto

Un sistema de trazabilidad no es más que una cadena de registros que se pueden encadenar entre sí:

  • Recepción. Qué entró, de qué proveedor, con qué lote de origen, cantidad y fecha.
  • Almacén. Dónde está físicamente y cuánto queda de cada lote.
  • Producción. Qué lotes de entrada se han consumido en qué lote de salida, en qué línea, en qué franja horaria y con qué personal.
  • Pesaje y controles. Los valores medidos, asociados al lote y no anotados en una libreta aparte.
  • Etiquetado. El lote impreso de forma legible y, mejor aún, codificado para poder leerlo después sin teclear.
  • Expedición. Qué lote fue a qué cliente, en qué albarán y qué día.

El eslabón que más falla es el tercero. Muchas plantas registran razonablemente bien lo que entra y lo que sale, pero no registran qué se usó para hacer qué. Sin esa relación, la cadena se rompe justo en el medio y las dos mitades no sirven de nada por separado.

Por qué el papel no aguanta

Los partes en papel tienen tres problemas que solo se manifiestan cuando hay prisa:

  • Se rellenan a destiempo, al final del turno y de memoria.
  • Se rellenan con letra ilegible, y un número de lote mal escrito rompe la cadena entera.
  • No se pueden cruzar. Reconstruir una trazabilidad completa a partir de carpetas es posible, pero se tarda días.

Y en una incidencia alimentaria, los días cuentan: mientras usted busca, el producto sigue en el mercado y la autoridad competente está esperando su respuesta.

Capturar el dato con lectura de código de barras en el propio puesto elimina los tres problemas de golpe: el registro ocurre en el momento, sin ambigüedad y en un formato consultable. Es la base de nuestra solución de trazabilidad en alimentación, que integra además el pesaje y el etiquetado por lotes.

Haga el simulacro: el consejo más útil y es gratis

Elija un producto acabado al azar y cronometre cuánto tarda en reconstruir su historia completa, hacia atrás y hacia delante. Hágalo un día normal, sin avisar y sin preparar nada.

Ese número, y las lagunas que encuentre por el camino, le dirán más sobre su trazabilidad real que cualquier auditoría documental. Y le permitirá decidir con criterio si necesita un sistema nuevo o solo ordenar el que ya tiene.

Repítalo cada seis meses. Es también la mejor forma de entrenar al equipo para el día que ocurra de verdad, y suele ser un requisito de los sistemas de autocontrol.

Lo que se descubre casi siempre

En los simulacros que hemos acompañado, los puntos de rotura se repiten:

  • El reenvasado y los reprocesos, donde el lote de origen se pierde.
  • Los restos de una jornada que se incorporan a la siguiente sin registrarlo.
  • Las mermas y devoluciones, que salen del sistema y vuelven a entrar sin identificación.
  • Los aditivos y coadyuvantes, que se tratan como material menor y también deben ser trazables.

Antes de decidir

Los requisitos concretos de trazabilidad, etiquetado, identificación de lotes y conservación de registros dependen del tipo de producto, del sector y de la normativa vigente, tanto europea como nacional y autonómica, y se actualizan. Confirme el detalle exacto con su responsable de calidad y con las fuentes oficiales —la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición publica orientaciones específicas— antes de dar por bueno su sistema.

Si quiere que valoremos qué le falta, cuéntenos cómo produce: qué materias primas maneja, cuántas líneas tiene, cómo identifica hoy los lotes y cuánto tardó la última vez que tuvo que rastrear un producto.

We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.