Blog de Neikom sobre control horario, presencia, accesos y produccion

Cómo diseñar los permisos de acceso en una empresa

La mayoría de sistemas de control de accesos no fallan por el equipo. Fallan porque nadie decidió antes quién debe poder entrar dónde y cuándo, y se acabó dando permiso a todo el mundo para todo, que es exactamente lo mismo que no tener control, pero pagando por ello.

Diseñar bien los permisos es un trabajo de una tarde. Hacerlo mal cuesta años de excepciones, llamadas y puertas bloqueadas con una cuña.

Empiece por las zonas, no por las puertas

El error clásico es pensar puerta a puerta. Con quince puertas y sesenta personas salen novecientas decisiones individuales, y nadie las mantiene actualizadas más de tres meses.

Lo que funciona es agrupar el edificio en zonas con un criterio común. En una instalación industrial típica suelen salir entre cuatro y ocho:

  • Acceso general: entrada principal, vestuarios, comedor.
  • Oficinas.
  • Producción o planta.
  • Almacén y expediciones.
  • Zona técnica: sala de máquinas, cuadros eléctricos, servidores.
  • Zona restringida: laboratorio, cámara, material peligroso, archivo confidencial.

A partir de ahí, cada puerta pertenece a una zona y todas las decisiones se toman por zona. De novecientas decisiones se pasa a unas cuarenta.

Después los perfiles, no las personas

El segundo error es asignar permisos nombre a nombre. Funciona el primer mes y se rompe en cuanto entra alguien nuevo o alguien cambia de puesto.

Defina perfiles: producción, mantenimiento, oficinas, dirección, calidad, limpieza, visitas, proveedores. Cada perfil tiene acceso a unas zonas y en unas franjas horarias. Cuando entra una persona nueva, se le asigna un perfil y punto.

La prueba de que su diseño es bueno es sencilla: dar de alta a alguien debería llevar menos de un minuto y no requerir pensar. Si cada alta abre un debate, el diseño está mal.

El horario es la mitad del control, y siempre se olvida

Un permiso no es solo "puede entrar", es "puede entrar cuándo".

Que el personal de producción acceda a planta es razonable. Que lo haga un domingo a las tres de la madrugada, probablemente no. Y al revés: el equipo de limpieza necesita entrar precisamente en las franjas en que no hay nadie, y el de mantenimiento externo solo los martes por la mañana.

Añadir la dimensión horaria multiplica el valor del sistema sin añadir ni una puerta. Y convierte el registro de accesos en información útil: cuando hay que revisar un incidente, un acceso fuera de la franja habitual salta a la vista inmediatamente.

Los cuatro casos que siempre se olvidan

Aparecen en todas las implantaciones y conviene resolverlos en el diseño, no sobre la marcha:

  • Visitas. Necesitan acceso limitado en zona y en tiempo, y que caduque solo. Si la solución práctica acaba siendo "que alguien les abra", el sistema se salta a diario y la trazabilidad se pierde.
  • Proveedores y subcontratas. Como las visitas, pero recurrentes. Merecen su propio perfil con vigencia limitada, no una tarjeta prestada de un empleado. Si además debe controlar su documentación de coordinación de actividades, el acceso es el punto natural para verificarlo.
  • Bajas y salidas. Quién anula la credencial cuando alguien se va, y en cuánto tiempo. Es el agujero de seguridad más común que nos encontramos: tarjetas activas de gente que se fue hace años.
  • Emergencias. Qué ocurre con las puertas si se va la luz o hay evacuación. Esto se decide con el técnico de prevención y con la normativa de evacuación en la mano, no con el informático.

Una sola credencial para fichar y para abrir

Si ya tiene control horario, lo lógico es que la misma tarjeta sirva para las dos cosas. Dos credenciales distintas significan dos altas, dos bajas y dos oportunidades de olvidarse.

Tiene además una ventaja poco comentada: cuando fichaje y acceso comparten sistema, las incoherencias se detectan solas. Alguien que consta trabajando pero no ha cruzado ninguna puerta interior, o accesos a planta de quien no ha fichado, aparecen sin que nadie los busque.

Qué equipo poner en cada punto

Con las zonas y los perfiles definidos, la elección del hardware casi se resuelve sola:

Accesos generales interiores. Lector de proximidad: rápido, barato y suficiente. La velocidad importa más de lo que parece cuando entra un turno completo.

Exteriores y zonas expuestas. Equipo preparado para intemperie y con resistencia mecánica, como el KeyPad Prox, antivandálico y con apertura por teclado o tarjeta.

Zonas críticas. Aquí sí tiene sentido una solución de gama alta, porque la finalidad ya no es contar horas sino impedir el paso. El Suprema BioLite N2 es un ejemplo de lo que se le pide a un equipo de exterior en un punto sensible: protección IP67 frente a polvo y agua, resistencia antivandálica IK09, CPU de 1,2 GHz para que la autenticación sea inmediata, capacidad para del orden de 10.000 usuarios y un millón de eventos, comunicaciones por TCP/IP y RS-485, salida Wiegand configurable y relé interno para gobernar la puerta.

Fíjese en esas dos últimas capacidades, que suelen decidir un proyecto: el relé interno permite que el propio terminal abra sin electrónica adicional, y el RS-485 permite encadenar equipos donde tirar red a cada puerta sería inviable.

Un aviso sobre la biometría en control de accesos

Que un equipo lea huella no significa que usted deba usar esa función en todas partes. Para el control horario ordinario, el criterio de la AEPD desde noviembre de 2023 hace muy difícil justificar la biometría, y hay sanciones publicadas de entre 12.000 y 200.000 euros.

Para impedir el acceso a una zona restringida, el análisis es distinto y bastante más favorable, porque hay un riesgo concreto que proteger y afecta a pocas personas. Aun así hay que documentarlo con una evaluación de impacto. Lo desarrollamos en si es legal fichar con huella o reconocimiento facial.

Traducido a diseño: tarjeta en las zonas generales, biometría solo donde de verdad se justifique. Es también la configuración más barata.

Empiece pequeño y observe

No hace falta cablear el edificio entero el primer día. Empiece por la entrada principal y una o dos zonas críticas, y deje el sistema funcionando unos meses.

Verá enseguida qué permisos sobran, cuáles faltan y qué excepciones se piden todas las semanas. Esa información vale más que cualquier plano teórico, y evita comprar lectores para puertas que nadie usa.

Si quiere que le ayudemos a ordenar zonas y perfiles antes de comprar nada, cuéntenos cómo es su instalación. Es la parte del proyecto que menos cuesta y la que más se nota después.

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